Te miro. Desde la puerta el hilo de luz descubre tu silueta, me quedo contemplándote admiro tus ojos brillando en la oscuridad, tu cuerpo dibujado entre las sombras. Me complace mirarte, evocar algún paraíso. Te acercas... ¡qué agradable es tu piel! y acariciarte, abrazarte, besarte, respirar el suave aroma que emerge de tu cuello, resbalar por tu cuerpo temblando de locura volviéndome casi un niño al recibir tanta dulzura, mirarte a la cara y decirte "te amo" y en un giro de alucinógena ternura embriagarme con el sudor de tu piel, enredarme en tu pelo y amarrarnos en un abrazo incansable. El calor agobiante que rodea nuestras figuras invade el ambiente, el vapor que expelen nuestros cuerpos forma constantemente un globo invisible que estalla al más mínimo roce, la pieza se va llenando de una estela volátil, un vaho espeso, manto de lujuria, de amor. Me vuelvo indefensa, desfallezco... Estoy aquí de nuevo, todavía junto a ti, estoy ciega pero no necesito verte, te siento en m...
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